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Solemos decir y es parte de nuestra fe que Jesús fue en todo semejante a nosostros, menos en el pecado… Y efectivamente el texto de hoy nos lo demuestra…
Y es que el Señor quiso pasar por la prueba más común que sufre cualquier hombre: la de la tentación.
1- Fue tentado a convertir las piedras en pan. Es la tentación de hacer cosas, aunque sean buenas, sin contar con Dios. Surge esa tentación cuando decimos: “Yo ya tengo bastante con trabajar… con…”, la respuesta de Jesús: “No sólo de pan vive el hombre “
No olvidar que cuando mi trabajo y esfuerzo van en sintonía con Dios, sin duda saldrá bien…
2- Fue tentado a utilizar el poder para imponerse como Mesías. Es la tentación de utilizar el poder, el dominio para imponernos a los demás…, la respuesta de Jesús es renunciar al poder y ponerse al servicio de los demás…

3- Y , por último, fue tentado en lo más profundo de su ser (ser Dios, sin contar con Dios ) la tentación de romper con Dios… En el fondo cuando queremos tener dinero, prestigio, fama y poder estamos echando a Dios fuera de nuestro corazón… La respuesta que da Jesús es clara… : nada debe ocupar el lugar que sólo a Dios le corresponde… Sólo Él merece nuestra adoración .

Jesús recurre a la palabra de Dios para vencer la tentación:
“No sólo de pan vive el hombre” (venciendo así el materialismo que nos invade a todos)
“No tentarás al Señor tu Dios “ (rechazando toda manipulación de Dios a mi favor).
“Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás “ (reivindicando la adoración y la importancia absoluta de Dios sobre todo…)
El camino, gracias a Jesús, ya lo tenemos marcado, recorrerlo será tarea de cada día.
No nos sorprendamos de ser tentados, sorprendámonos de estar apoyados en Dios y en su Palabra que sin duda hará que no caigamos en tentación, librándonos de todo mal y peligro.
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La semana pasada nos preguntábamos ¿qué hay que hacer para ser Feliz?

Y Jesús nos respondía con las Bienaventuranzas… ( la receta para ser feliz…)

Hoy le podíamos preguntar y ¿cómo podemos ser felices? Y nos responde de manera sencilla pero profunda:

“Para ser felices y para ser discípulo de Jesús hay que ser como la sal y como la luz”.

Hoy Jesús nos dice que nuestra misión como creyentes es “aclarar” el sentido de la vida (LUZ) y “dar” el sentido a la vida (SAL).

Al igual que pasa con la sal debemos aportar sabor y gusto a la vida a menudo aburrida e insípida de tanta gente. Y es que a veces los agobios de la vida nos hacen olvidar la alegría, el humor, la acogida, la ilusión por vivir…

La sal es la imagen de la discreción: no se ve, se disuelve, aparentemente no está pero se nota (digo si se nota…)

Y luz porque estamos llamados a iluminar las tinieblas del mundo, aunque seamos una humilde cerilla… una pequeña luz puede iluminar una gran oscuridad…

Tenemos una luz que no se apaga y es la fe… esta fe nos debe llevar a darle sabor y sentido a todo en nuestra vida…

SUGERENCIAS PARA VIVIR LA NAVIDAD

 

Siguiendo lo que nos dice san Juan Bautista, si deseas celebrar una Navidad alegre y fecunda, te ofrezco estas sugerencias:
1) La primera, remover los obstáculos. Puede venirte bien una confesión. Procura mirarte a la luz de Dios y no dudes en acudir a este sacramento: con humildad, sinceridad, confianza y propósito de cambiar aquellas actitudes que no están en sintonía con el Evangelio. Centra tu atención y tus esfuerzos en la principal de ellas. Tienes un buen ejemplo de examen de conciencia en la carta de san Pablo a los Gálatas, 5, 19-23. No importa que haga años que no te confiesas, lo que cuenta es centrar tu atención en Dios, en la misericordia de Dios, para acogerla y disfrutarla. En nuestra parroquia puedes confesar todos los días, durante la media hora que precede a la santa misa.
2) La segunda, que busques espacios de silencio, para abrir de par en par las puertas del corazón a Jesucristo. Quizá puedas visitar un templo fuera de las horas de culto: Habla con Dios, acrecienta tu deseo de Dios, pídele que te ayude a descubrir su rostro y pon en sus manos todo aquello que te preocupa. Lo malo, para pedir ayuda; y lo bueno, para darle gracias.
3) Después, siguiendo aquello de que el que tenga dos túnicas, que dé una a quien no tiene, examina con los tuyos los gastos que os podéis permitir, incluyendo los de Reyes y fin de año. Después, decidid qué porcentaje vais a compartir. Superior al 10%. Quizá conozcas a amigos, vecinos, familiares o compañeros de trabajo que lo están pasando mal. Siempre hay una manera delicada de entregárselo. Y si no, dáselo a Cáritas de tu parroquia, que sabrá bien qué hacer con ello.
4) Además, es posible que haya alguna persona cerca de tu casa que esté sola. Siempre hay personas mayores que no tienen a nadie… Intenta hacerte cercano y pensar en esa persona, invitándole a comer, o mandándole algún detalle…
5) Finalmente, no faltes a la misa del gallo. En familia. Que lo importante de esa noche no es la cena en familia, sino la celebración del nacimiento del Hijo de Dios.

 

 

Y con el corazón, te deseo a tí y a todos los tuyos una Feliz, Santa, y Buena Navidad con Jesús…

 

 

Damián (tu párroco y amigo)

 

 

¿Qué esperamos en este Adviento?
1) Para saber


Decía el Papa Benedicto XVI que la Iglesia, al iniciar un nuevo Año Litúrgico, empieza un nuevo camino de fe que nos lleva a mirar, por una parte, hacia el pasado: recordar el acontecimiento del nacimiento de Jesucristo; y por otra, a vislumbrar el futuro: esperar la segunda venida gloriosa del Hijo de Dios, cuando vendrá a juzgar a vivos y muertos.
Seguía diciendo el Pontífice que “esperar” es una dimensión que abarca toda nuestra existencia personal, familiar y social. La espera está presente en mil situaciones, desde las más pequeñas hasta las más importantes. Pensemos, por ejemplo, en la espera ilusionante de un hijo por parte de dos esposos; a la de un amigo que viene a visitarnos de lejos; pensemos, para un joven, en la espera del éxito en un examen decisivo, o de una entrevista de trabajo; en la ansiosa espera del encuentro con la persona amada, de la respuesta a una carta, o de la acogida de un perdón… Se podría decir que el hombre está vivo mientras espera, mientras en su corazón está viva la esperanza. Al hombre se le reconoce por sus esperas: nuestra “estatura” moral y espiritual se puede medir por lo que esperamos, por aquello en lo que esperamos.
Haciendo referencia a un conocido refrán podríamos decir: “Dime qué esperas, y te diré qué persona eres”.

2) Para pensar


De entre todas las esperanzas, la que ha de ser fundamento de todas ellas es la que tenemos en Dios. El nacimiento de Cristo nos refuerza la esperanza de un día resucitar, de obtener la vida eterna.
Se dice que Benjamín Franklin, ya tenía a la edad de veintitrés años escrito el epitafio que quería se pusiera sobre su tumba. Para comprenderlo mejor, hay que recordar que a los doce años trabajó como aprendiz en una imprenta, lo cual lo llevó a ser un gran lector e impresor. Así decía la composición que deseaba se escribiera al morir: «Aquí yace, pasto de los gusanos, el cuerpo de Benjamín Franklin, impresor. Como las cubiertas de un libro cuyas hojas están rotas, y cuya encuadernación está gastada; pero la obra no se perderá porque reaparecerá, según él cree, en una nueva edición revisada y corregida por el Autor».
La primera venida de Cristo nos aviva la esperanza de la resurrección de los muertos en su segunda venida al fin de los tiempos.

 

3) Para vivir


El Papa nos invita a preguntarnos en este Tiempo de Adviento: Yo, ¿qué espero? Y hacer esta misma pregunta a nivel de familia, de comunidad, de nación. ¿Qué es lo que esperamos, juntos?
La Santísima Virgen esperaba fervientemente la llegada del Salvador. Por ello Jesús pudo encontrar en ella una madre digna. El Papa nos invita a aprender de Ella, Mujer del Adviento, a renovarnos con un espíritu nuevo; a intensificar la oración y la meditación de la Palabra de Dios, para que se avive el deseo de salir al encuentro de Cristo, cuya primera venida recordamos con gozo, mientras nos preparamos a su segunda venida, con atenta vigilancia y ardiente caridad. Procuremos acompañarnos este Tiempo de María Santísima, a fin de que avive nuestra esperanza en su Hijo, el Salvador.

Reflexión evangélica

        CREER SIN AGRADECER

            El relato comienza narrando la curación de un grupo de diez leprosos en las cercanías de Samaría. Pero, esta vez, no se detiene Lucas en los detalles de la curación, sino en la reacción de uno de los leprosos al verse curado. El evangelista describe cuidadosamente todos sus pasos, pues quiere sacudir la fe rutinaria de no pocos cristianos.

            Jesús ha pedido a los leprosos que se presenten a los sacerdotes para obtener la autorización que los permita integrarse en la sociedad. Pero uno de ellos, de origen samaritano, al ver que está curado, en vez de ir a los sacerdotes, se vuelve para buscar a Jesús. Siente que para él comienza una vida nueva. En adelante, todo será diferente: podrá vivir de manera más digna y dichosa. Sabe a quién se lo debe. Necesita encontrarse con Jesús.

            Vuelve “alabando a Dios a grandes gritos”. Sabe que la fuerza salvadora de Jesús solo puede tener su origen en Dios. Ahora siente algo nuevo por ese Padre Bueno del que habla Jesús. No lo olvidará jamás. En adelante vivirá dando gracias a Dios. Lo alabará gritando con todas sus fuerzas. Todos han de saber que se siente amado por él.

            Al encontrarse con Jesús, “se echa a sus pies dándole gracias”. Sus compañeros han seguido su camino para encontrarse con los sacerdotes, pero él sabe que Jesús es su único Salvador. Por eso está aquí junto a él dándole gracias. En Jesús ha encontrado el mejor regalo de Dios.

            Al concluir el relato, Jesús toma la palabra y hace tres preguntas expresando su sorpresa y tristeza ante lo ocurrido. No están dirigidas al samaritano que tiene a sus pies. Recogen el mensaje que Lucas quiere que se escuche en las comunidades cristianas.

            “¿No han quedado limpios los diez?”.¿No se han curado todos? ¿Por qué no reconocen lo que han recibido de Jesús? “Los otros nueve, ¿dónde están?”. ¿Por qué no están allí? ¿Por qué hay tantos cristianos que viven sin dar gracias a Dios casi nunca? ¿Por qué no sienten un agradecimiento especial hacia Jesús? ¿No lo conocen? ¿No significa nada nuevo para ellos?

            “¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”. ¿Por qué hay personas alejadas de la práctica religiosa que sienten verdadera admiración y agradecimiento hacia Jesús, mientras algunos cristianos no sienten nada especial por él?

              Benedicto XVI advertía hace unos años que un agnóstico en búsqueda puede estar más cerca de Dios que un cristiano rutinario que lo es solo por tradición o herencia. Una fe que no genera en los creyentes alegría y agradecimiento es una fe enferma.

 

   Jesús no se queda mirando a su sombra. Ante sus ojos tiene la humanidad entera. Y siente la necesidad de que el mundo se pueble de estrellas para que alumbren a todos los hombres.

“La mies es mucha”. La tarea es grande.

“Se necesitan más obreros”.

Aquí todos somos necesarios, porque aquí todos tenemos mucho que hacer.

Aquí no hay cabida:

                                   Ni para los inútiles. Ni para los vagos. Ni para los cansados.

                                   Ni para los indiferentes. Ni para los que sólo piensan en ellos mismos.

El Evangelio no es propiedad de nadie. El Evangelio es buena noticia para todos.

Y todos estamos metidos en el mismo compromiso. Y cuanto más anunciemos el Evangelio tanto mejor nos irá a todos.

Pensar en los demás. Preocuparse de los demás. Hacer algo por los demás puede ser la mejor manera de triunfar nosotros mismos.

Evangelizar es misión de toda la Iglesia. E Iglesia somos todos nosotros. Por eso todos estamos llamados a trabajar en esa mies del Señor.

¿Cuándo nos quitaremos de la cabeza eso de que evangelizar es cosa de los curas y las monjas? A veces pienso que en la Iglesia nos sucede un poco como con el Gobierno.

                Esto le toca al Gobierno.

                Aquello que lo solucione el Gobierno.

                Esto que lo haga el Ministro.

                Aquello que vea el Presidente.

Y mientras tanto, todos nos lavamos las manos y a esperar que los otros lo hagan por nosotros. El Evangelio es otra cosa.

Es una vida y la vida se madura dando vida.

El Evangelio es luz y la luz nunca ilumina a la luz sino a las sombras.

El Evangelio es Buena Noticia. Y las buenas noticias son para todos.

Al Evangelio no hace ponerle “sólo para adultos” como a las películas. Sino “apto para todos”.

¿Cuántos conocen de verdad el Evangelio de la salvación?

¿Y el resto que lo desconoce no nos dice nada?

“La mies es mucha y los obreros pocos”.

UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA SEMANA SANTA 2016
Jesús resucita

Tenemos la suerte de saber, por el evangelio, lo que hizo Jesucristo cada uno de los días de esta semana. Aquí lo tienes. Es la semana más importante de todo el año. Con cada cosa que hizo y dijo, nos quiso enseñar. Habla con Él de eso…

LUNES SANTO (21 de marzo)

¿Qué hizo hoy Jesús?
Jesús ha dormido en el pueblo de Betania, en la casa de Lázaro, Marta y María, sus mejores amigos. A media mañana sube andando a Jerusalén, que está a unos cuatro kilómetros. En el camino, como es la hora de comer tiene hambre. Se acerca a una frondosa higuera, llena de hojas, pero en la que no hay higos, entonces la secó por no tener frutos. Al llegar a Jerusalén, va al templo y lo encuentra lleno de comerciantes haciendo negocios y los echa a latigazos, pidiéndonos que tratemos con respeto a Dios y a las cosas de Dios. Por la tarde pasa por el monte de los olivos, donde estuvo haciendo un rato de oración, y vuelve a pie a Betania.

A lo mejor Dios tampoco encuentra en ti los frutos que Él esperaba. Pídele perdón… Y habla con Él.

Fíjate como Jesús dedicaba todos los días a hacer un rato de oración como tú ahora. No lo dejes ningún día, aunque sea unos pocos minutos.

MARTES SANTO (22 de marzo)

Jesús vuelve a Jerusalén. Pasan por el lugar de la higuera maldecida. Al ver el templo, profetiza que será destruído. Los discípulos están tristes porque Jesús les anuncia que dentro de dos días le matarán. Los cristianos, como Él, hemos aprendido a cumplir siempre la voluntad de Dios Padre, por encima de todo. Por ejemplo, Juana de Arco, cuando estaba al frente de sus soldados franceses, en una gran batalla contra Inglaterra, Dios le anuncia que ese día será herida. Entonces una amiga suya le dice que no vaya a pelear. Y Juana le contesta en tono irónico: “sal tú y di a mis generales que Juana de Arco no luchará porque tiene miedo a ser herida”. Y salió valerosamente al frente de sus soldados, y fue gravemente herida.

No tengamos miedo de aceptar la voluntad de Dios. ¡Señor, sí, Tú siempre quieres lo mejor para mí! Quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero mientras quieras.

MIÉRCOLES SANTO (23 de marzo)

Jesús se queda en Betania. Simón, el leproso que había sido curado por Jesús, invita al Señor a comer en su casa, por lo agradecido que le estaba. Mientras están comiendo, entra en la casa una mujer del pueblo llamada María; rompe un frasco de perfume carísimo y lo echa a los pies del Señor. Los besa y los seca con sus cabellos. A Jesús le gustó ese detalle de cariño.

Es entonces cuando Judas busca a los jefes del pueblo judío y les dice: “¿Qué me dais si os lo entrego?”. Ellos se alegraron y prometieron darle dinero.

¿Eres agradecido como Simón por las veces que a ti también te ha perdonado tus pecados? Cada vez, después de confesarte, dale gracias por haberte perdonado.

A Jesús le gustará que hoy tengas algún detalle de cariño con Él, como María. Piensa ahora uno concreto y regálaselo ya.

JUEVES SANTO (24 de marzo)

La última Cena. Por la mañana de¡ Jueves, Pedro y Juan se adelantan para preparar la cena en Jerusalén. A la tarde llegaron al Cenáculo. Allí Jesús lavó los pies uno a uno. Luego, sentados a la mesa celebra la primera Misa: les da a comer su Cuerpo y su Sangre y les ordena sacerdotes a los Apóstoles para que, en adelante, ellos celebren la Misa. Judas salió del Cenáculo antes, para entregarle. Jesús se despidió de su Madre y se fue al huerto de los Olivos. Allí sudó sangre, viendo lo que le esperaba. Los discípulos se durmieron. Llegó Judas con todos los de la sinagoga y le da un beso. Entonces, le cogieron preso y todos los Apóstoles huyeron. Lo llevan al Palacio de Caifás, el Sumo Sacerdote. Le interrogan durante toda la noche: no duerme nada.

Hazle tú hoy compañía al Señor, que está solo. Haz el propósito de no abandonarle nunca, y de visitarle con frecuencia en el sagrario.

VIERNES SANTO (25 de marzo)

Hoy muere. Al amanecer del viernes, le juzgan. Tiene sueño, frío, le han dado golpes. Deciden condenarle y lo llevan a Pilatos. Judas, arrepentido, no supo volver con la Virgen y pedir perdón, y se ahorcó. Los judíos prefirieron a Barrabás. Pilatos se lava las manos y manda crucificar a Jesús. Antes, ordenó que le azotaran. La Virgen está delante mientras le abren la piel a pedazos con el látigo. Después, le colocan una corona de espinas y se burlan de Él. Jesús recorre Jerusalén con la Cruz. Al subir al Calvado se encuentra con su Madre. Simón le ayuda a llevar la Cruz. Alrededor de las doce del mediodía, le crucificaron. Nos dio a su Madre como Madre nuestra y hacia las tres se murió y entregó el espíritu al Padre. Para certificar la muerte, le traspasaron con una lanza. Por la noche, entre José de Arimatea y Nicodemo le desclavan, y dejan el Cuerpo en manos de su Madre. Son cerca de las siete cuando le entierran en el sepulcro.

¡Dame, Señor dolor de amor! Ojalá lleves en el bolsillo un crucifijo y lo beses con frecuencia.

SÁBADO SANTO (26 de marzo)

Jesús ha muerto. Todo el día de hoy, su Cuerpo reposa en el sepulcro, frío y sin vida. Ahora nos damos cuenta de lo que pesan nuestros pecados. Jesús ha muerto para redimirnos.

Estamos tristes. La Virgen María también está triste, pero contenta porque sabe que resucitará. Los Apóstoles van llegando a su lado, y Ella les consuela.

Pasa el día unido a la Virgen, y con Ella acompáñale a Jesús en el sepulcro. Haz el propósito de correr al regazo de la Virgen cuando te hayas separado de Él.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN (27 de marzo)

En cuanto se hace de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su Cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van corriendo donde está la Virgen con los Apóstoles y les dan la gran noticia: ¡Ha resucitado! Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. Ahora entienden que Jesús es Dios. El desconsuelo que tenían, ayer, se transforma en una inmensa alegría. Y rápidamente lo transmiten a los demás Apóstoles y discípulos. Y todos permanecen con la Virgen esperando el momento de volver a encontrarse con el Señor.

Desde entonces, todos los cristianos podemos tratar al Señor, que está Vivo. Hoy estamos muy contentos y es momento de darle constantemente gracias a Dios.

Como Pedro y Juan, tú también tienes que preocuparte de que tus amigos sepan que Jesús ha resucitado, y le traten. Pídele esa preocupación.

No estamos acostumbrados a ver a un Jesús así… Pensamos en Él como Alguien que nos transmite PAZ, armonía, incluso lo podemos confundir con alguien excesivamente “dulzón” y casi como de “merengue”. Y nos olvidamos que Él compartió y tuvo todas nuestras reacciones y actitudes humanas: alegría, tristeza, dolor, bienestar, paz y enfado.

Pero, ¿qué altera tanto a Jesús? “Habeis hecho de Dios un negocio”… y ¿no será verdad…?.

¿Venimos a dar gracias o a pedir?

“Yo haré tal cosa buena si me concedes este deseo”

Ponemos una vela a Dios y otra al diablo— “por si acaso rezaré 20 padrenuestros, 80 avemarías y pondré 100 fotocopias en 9 Iglesias… a los tres días se me concederá lo que pido…

Vivencia de Sacramentos, no de corazón, sino porque siempre se ha hecho así (Bautizos, Primeras Comuniones, Bodas… hasta entierros…)

En el fondo parecemos no darnos cuenta que nuestros templos no sirven para nada si en ellos no se reúne una comunidad que tiene claro que lo que se vive aquí ha de transmitirse fuera…

” Al entrar recuerda que dentro hay alguien que te quiere y te espera… Al salir recuerda lo que has vivido y no te olvides de transmitirlo tal y como Él quiere…”

Pidamos hoy no convertir a Dios en un negocio.

Pidamos hoy ser consciente que el verdadero culto que Dios quiere es que nos entreguemos a los demás sin disfraces, sin dobles caras sino con la misma actitud y comportamiento que tenemos o hemos de tener en el templo, lugar de encuentro con Dios…

Pidamos que nos demos cuenta que este lugar (templo material) nos debe llevar a ese otro lugar (templo humano) igual que Jesús…

Meditación:

“Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos… Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas”. (Mc 9, 2-5)

         El episodio de la Transfiguración es una prueba más del amor de Cristo a sus discípulos. El objetivo era prepararles para la crisis que se avecinaba, la crisis de la Cruz. Para ello, Jesús quiso llenarles de argumentos –la visión de Moisés y de Elías adorando a Cristo- y de sensaciones –el clima de éxtasis, que lleva a Pedro a desear quedarse así para siempre-.

El Señor deseaba preparar a sus más íntimos amigos para que, cuando le vieran humillado, calumniado, crucificado, sin poder alguno, no dudaran de Él.

Después de los milagros que le habían visto hacer y de haber escuchado de su boca el maravilloso mensaje evangélico, la Transfiguración debía consistir en el sello final y definitivo que asegurara la fe de los apóstoles contra toda prueba, contra toda duda.

Sin embargo, no fue así. En la Cruz, los mismos que le habían visto transfigurado dudaron, le negaron y huyeron. Ahí está, pues, la lección histórica que podemos extraer de este episodio. Debemos preguntarnos, cuando tenemos problemas y éstos nos llevan a dudar del amor de Dios, si en realidad el Señor no nos habrá dado ya pruebas más que suficientes para estar seguros de su amor. Y cuando las cosas van bien, debemos ser conscientes de ellas y atesorarlas en la memoria para recordarlas cuando lleguen las horas difíciles, las horas de la fidelidad. Porque sólo se puede vivir la virtud de la fidelidad cuando no hay motivos aparentes para hacerlo, ya que ser fiel cuando todo va bien no es virtud sino mera lógica sin mucho mérito.

Propósito:  Da gracias a Dios por lo que va bien en tu vida. Memorízalo. Y si algo está yendo mal, echa mano de la memoria para mantener la fe en el amor de Dios.

Meditación

“Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar… Jesús lo increpó: “Cállate y sal de él”. El espíritu inmundo lo retorció y dando un grito muy fuerte, salió.” (Mc 1, 22-25)

El caso del hombre poseído al que Jesús liberó del espíritu inmundo nos sitúa delante de nuestras propias inmundicias, de nuestros propios pecados. De hecho, muchos de los ataques que sufre la Iglesia tienen como origen –al margen de las excusas que se busquen- la rabia que experimentan contra esta institución aquellos que están inmersos en el mal, en la basura, en el pecado. No pueden tolerar la existencia de una realidad que defiende el bien, la castidad, la pobreza y aprovechan defectos reales de algunos de sus miembros o defectos imaginados para intentar destruirla. En el fondo de esos ataques está este sentimiento: “Ellos, los que predican que hay que hacer el bien, son como nosotros, tienen tanto pecado como nosotros”. Quizá en parte tengan razón, pero, en cualquier caso, la predicación de la conversión y de la existencia objetiva del bien no debe dejar de hacerse, precisamente para evitar el triunfo definitivo del mal.

Pero en otros casos, la conciencia de los propios pecados aleja de Dios. ¿Cómo va Dios a amarme?, piensan algunos. Yo no tengo solución, dicen otros. En estos casos se trata de darle a Dios precisamente la pobreza personal y de dársela junto con la parte buena que sin duda también se tiene. La una, mediante el arrepentimiento, la confesión y la lucha por mejorar. La otra, mediante el ejercicio y desarrollo de aquellas virtudes y cualidades con las que Dios ha dotado a todos, aunque sean diferentes en cada uno.

Propósito: Haré examen de conciencia y si me doy cuenta de que soy poca cosa, le daré a Dios lo que tengo: lo malo con la confesión y lo bueno poniéndolo en práctica.

Meditación:

“En aquel tiempo proclamaba Juan: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.” (Mc 1, 7-8)

Como todos los años, el primer domingo del Tiempo Ordinario se centra en la figura de Juan el Bautista y del Bautismo de Jesús. La humildad de aquel ‘precursor’ nos vuelve a hablar de la humilde por excelencia, de María. Pero también en el acto del bautismo hay otro mensaje: en el fondo lo que Juan predica es que ha llegado el momento anhelado y Dios ha venido a estar en medio de su pueblo.

Este mensaje nos invita a meditar esta semana sobre el amor de Dios. Y a hacerlo a la vez que atravesamos el desierto de la vida –como Juan atravesó el desierto de Israel-. En el desierto se pasan momentos difíciles, lo mismo que en la vida. Es en esos momentos cuando tenemos que utilizar los recursos que llevábamos para sobrevivir. El agua que nos salvará es la fe en el amor de Dios –alimentada por el recuerdo de los momentos buenos en que nos sentíamos seguros de esa fe- y también la gracia de Dios que continuamente nos llega a través de los sacramentos.

Se trata, por lo tanto, de creer en el amor de Dios y de acercarnos a ese amor mediante los sacramentos para que la fuerza que en ellos se nos comunica nos sostenga en la lucha diaria. Se trata de creer que a través de los sacramentos nos llega la fuerza y también de tener humildad para aceptar que no siempre podemos entender a Dios y que, por lo tanto, debemos estar preparados para aceptar el “silencio de Dios”.

Propósito: Humildad para aceptar que no entendemos los planes de Dios. Práctica de los sacramentos para recibir la fuerza que necesitamos, cada uno según su especificidad.